Palabras cruzadas

Estamos ya en Venezuela, que no es un lugar cualquiera. En la patria de Bolívar, autos viejos y estirados se cruzan en las calles con relucientes 4×4 bajo la cartelería socialista. Graffitis contestatarios saltan con rabia desde los muros, a tono con la confrontación política que vive el país. Los venezolanos gesticulan como si pelearan y conversan como si amaran, mientras su economía tambalea.

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Un destino errante

Hace ya dos años que abracé a mi madre y salí de viaje en bicicleta. Quería andar por nuestra América; sentir, saber, probar qué tan ‘nuestra’ era. Con el mate compañero, me hice a la vida errante y ahora llevo sus marcas en mi piel.

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La gorra sonrió

Viajamos trabajando y somos legión. Con la certeza de que no hace falta ser rico para viajar, creamos nuestro trabajo y salimos a andar. Hay artesanos, malabaristas, músicos y una variedad de nómadas que nos ganamos la vida en la calle. Hoy cuento de nuestro canto.

– Gracias por esos aplausos rabiosos…

Sol termina de cantar “Lágrimas negras” y provoca al público silencioso. Llegan aplausos y yo tomo la palabra para presentarnos. Mientras la gente almuerza en el restaurante, les contaré que venimos desde el sur, pedaleando el camino y compartiendo músicas para seguir andando. Sigue leyendo

Vuelvo al Sur

Preguntan todo el tiempo: de dónde soy, de dónde vengo. Justo a mí, que hace rato le digo adiós al aquí, así de inquieto. Sé y no sé de donde soy; vuelvo al sur como un destino del corazón.

Estamos en el centro de Santa Marta, la ciudad más antigua -¿y calurosa?- del Caribe colombiano. En el restaurante donde almorzaremos, Nicolás picardea con la cocinera y acaba por pedirle un plato de albóndigas. Comemos rumiando preguntas: por qué los árboles crecen tan abiertos, si será posible perdonar de verdad y acabamos otra vez volviendo al origen:

¿De dónde es uno: del lugar donde nació, de donde uno creció o de donde es su madre? Sigue leyendo

Visitación

(Dedicado a la sonrisa de mi tío abuelo, el cuentahistorias flaco y alto que cerró sus ojos claros e inocentes el domingo 10 de enero: Visitación Leopoldo Delgado Matonte, el “Guadaña”. Salú)

 

Es enero y en el Caribe recibo aquel abrazo. Nado en los nudos del nido y me alegra contarlo: mi mamá, mi papá y mi hermano se vinieron hasta Colombia.

Cartagena de Indias está tomada. Una masa de gente satura las callecitas coloniales del centro histórico, suda y bebe tragos en la península de Bocagrande y deambula bajo las estrellas en el glamour plebeyo de Getsemaní.

A las 6:30 de la mañana siguiente solo queda una resaca de multitud. Bajo una gorra roja que reza CANTINERO, dos ojos se desvían en direcciones opuestas. Sol y yo esperamos el agua para el mate, tomando el fresco en el cordón de la vereda, cuando pasa un hombre y el CANTINERO lo bardea como pitonisa:

– Tú no sabes ni si tú eres tú mismo.

Enseguida aparece mamá en el umbral: mate en mano, termo bajo el brazo, el bolso atravesado y su sonrisa tan vigente. Caminamos por las calles coloniales cuando el calor todavía es sabroso, y bajo los balcones floridos disfrutamos paseando el tiempo. Otras veces lo correremos, tratando de atrapar un poquito para extrañarnos menos, pero ahora el tiempo nos pasea. Sigue leyendo

Dulce Hogar

Imaginá una casa. Rodeada de frutales y sembrada de bicicletas. Habitada por cientos de viajeros, pintada con colores vivos y mensajes inspiradores. Imaginá la Casa de Ciclistas de Medellín, un ejemplo de hospitalidad y buena vida.

Las puertas están abiertas de par en par. Miro hacia afuera y veo algunos banderines: EE.UU., Rusia, Uruguay, Irlanda y Honduras. Encima de la puerta hay nueve bicicletas en miniatura: un triciclo, una repartidora, una rutera y una bicicletita urbana que sorprende por su realismo diminuto.

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Intento seguirte contando cómo es este lugar, pero no sé por dónde empezar. Entonces busco en internet y encuentro un video: “A Puro Pedal – La casa de ciclistas de Medellín”. Pongo play y aparece una muchacha con remera amarilla y una bicicleta atrás, preparadas para viajar. Con su acento cordobés, ella lo explica así: Sigue leyendo

El Pelotón

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¿Mejor solo o acompañado? Viajar en bicicleta en solitario no es lo mismo que hacerlo en cuatro, en seis o en ocho ruedas. Hay quien prefiere rodar solito pero yo disfruto más de compartir el pedaleo. En esta crónica recuerdo al pelotón viajero y me alegro por lo que viene.

Acampando en San Lorenzo, costa de Ecuador, con Leonardo Aráoz. Abril de 2015.

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De Pie

Estuve hasta tarde escribiendo, pero al final no. Mi té y mis teclas en la madrugada parecían el entorno perfecto para sacar un buen texto, pero no. La idea llegó en un ómnibus lleno, en Quito: la muerte del tiempo en el tránsito de las grandes ciudades. Pero aquella calma -su té y su tiempo- se esfumaron cuando el silencio nocturno se transformó en indignación matutina: dolía Uruguay.

Hace 18 meses que escribo para este diario duraznense. Tengo el placer de ganarme la vida escribiendo cuentos de mi viaje en bicicleta por nuestra América. Pero hoy tengo que salirme de tema, estas teclas me piden que diga lo que importa. Y lo que importa no está en Quito: está en las calles y en las aulas de Uruguay. La educación uruguaya hierve y estas letras darían vergüenza si miraran para otro lado.

Empiezo por casa. Fui dos veces al liceo nº 1, el instituto Miguel C. Rubino de Durazno, primero seis años como estudiante y después un año como docente de filosofía. Me tocó estar en sus aulas secundarias, quererlo y darme contra sus paredes. Volví al Rubino cuando cumplía 100 años, pero este viejo conocido aún me sorprende.

Cuando el lunes 24 el Poder Ejecutivo quemó las naves decretando la esencialidad de la educación, la sorpresa fue amarga. Pero el Rubino volvería con la otra cara: ¿o acaso no te sorprenden 94 estudiantes aprobando ocupar el liceo histórico de Durazno en una asamblea de 120 gurises?

«En el momento que se decreta la esencialidad fue como un baldazo de agua fría, en seguida nos tocó directamente», dice Enrique, integrante del gremio estudiantil del Rubino, 17 años y estudiante de 6º de Derecho. «La asamblea de estudiantes significaba mucho, significaba que la decisión fuera tomada por los protagonistas, que no sucediera como con Tabaré Vázquez, que supuestamente habla en nombre de los estudiantes para tomar la decisión de la esencialidad y con esto le demostrábamos que no es así.»

Alguien puede preguntarse: ¿por qué ocupar un liceo como el Rubino? Este instituto –con gimnasio, laboratorio y aulas renovadas– es un signo de la inversión presupuestal bajo los gobiernos progresistas. Aunque sea insuficiente, no olvidemos que la inversión educativa es mucho más alta que en períodos anteriores… y entonces, ¿por qué los estudiantes ocuparon el Rubino? Busqué por internet a algunos de ellos y respondieron pronto, esta es su versión:

— La ocupación en nuestro caso fue para decir, nos están atacando, están cuarteando nuestra libertad … en realidad nosotros lo tomamos debido al decreto, porque el sueldo se negocia la plata se negocia, la libertad no se negocia!

— Muchas veces al contar con un liceo recién remodelado como el Rubino … se le hace más difícil a algunos entender que no todos los liceos son como el nuestro … que en muchos lugares hay gurises como nosotros que tienen clases en contenedores, con vidrios rotos, sin recursos como libros, computadoras, proyectores, etc y que por más ganas de estudiar que hayan, si el salón esta inundado no se puede y que para que esa realidad cambie, se necesita mayor presupuesto.

El primero en hablar es Enrique, la segunda es Sofía. Sofía me insiste: ella es una más –ninguna crá– del gremio estudiantil del Rubino. Me sorprenden hablando el lenguaje de la solidaridad, dando clases de empatía y horizontalidad. Justo ellos, esos jóvenes que la ministra María Julia Muñoz tilda de ingenuos e inexperientes.

Rubino

Los estudiantes, las maestras y los profesores lo saben, pero si no les crees a ellos, fijate lo que dice Jana Rodríguez Hertz, investigadora grado 5 en Facultad de Ingeniería de la UdelaR: en el mundo “no hay ejemplos de buenos rendimientos de un sistema educativo nacional con nuestro nivel de inversión”. Por si acaso, y acordate que lo dice una doctora en matemáticas, “el sistema público es en promedio más eficiente que el privado.” Es claro, la educación privada en Uruguay invierte casi el doble que la estatal y sus resultados no son mucho mejores que los de la educación pública.

Estos datos pueden sorprenderte, pero así estamos. Como dicen los estudiantes del liceo que queda más cerca de mi casa, la educación pública es un bien de todos. Pero el gobierno no se da cuenta y en vez de defenderla, la ataca. Están atacando la educación del pueblo: por eso se lucha.

En este viaje he visto las contradicciones de los gobiernos progresistas en Argentina, Bolivia y Ecuador. Este momento histórico muestra el perfil autoritario de sus líderes y pone en crisis la alianza de estos movimientos políticos con el campo popular. La lucha sigue y no está todo dicho: el gobierno puede corregir el rumbo y apostar fuerte por la educación popular o traicionar sus promesas e ideales. Juegan ellos, el pueblo ya dijo Retruco.