La sombra de un sueño

Venezuela vive tremendo embrollo. En el país que soñó el socialismo del siglo XXI hoy no se consigue comida, faltan medicamentos y los apagones no dejan ver luz al final del túnel. Mientras tanto, el gobierno de Maduro se apoya en los militares, desconoce las resoluciones del parlamento  y trata de impedir el referéndum que, de hacerse hoy, lo destituiría por más del 60% de los votos.

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Aquella mañana salí a buscar pan pero lo que encontré me sacó el hambre. Me iba cabizbajo de la segunda panadería vacía cuando vi a un grupo de hombres que se preparaba para linchar a otro.

Éramos unos treinta en aquel estacionamiento. Unos diez hombres desvestían, puteaban y pateaban a otro –que había intentado robar un celular– y otros veinte mirábamos, entre absortos y fanáticos. No se cansaron de darle: el muchacho escupía sangre cuando un comerciante se paró frente a él y detuvo a la patota. Sigue leyendo

Pedir la cola

La primera vez reímos, y nos costó creer. Nos enterábamos que en Venezuela le dicen “pedir la cola” a levantar el pulgar para “hacer dedo” y conseguir un aventón. En dos meses en el país, nos han dado más de diez colas para adelantar tramos y acortar distancias.

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Una vez un cincuentón de camisa blanca se acercó a nosotros, que llevábamos media hora haciendo dedo en un peaje en Barinas, y le pidió al siguiente camión:

– Por favor, amigo, deles la colita. Sigue leyendo

La vida mestiza

En nuestra última semana en Venezuela, viajamos por uno de los sitios más recomendados por los biciviajeros en Sudamérica. Bajo lluvia y sol disfrutamos la maravilla del paisaje de los tepuis y descansamos con la carpa junto al río bajo la luna llena. Pero es como dicen: la procesión va por dentro.

Allá va Sol. Mi enamorada pedalea su bicicleta naranja por la larga ruta de la Gran Sabana. Avanzo para alcanzarla y tomarnos un mate. Se suceden placeres mínimos: una galleta, otro mate, unos besos que nos salvan. Sigue leyendo

Llueve en Caracas

Llueve en Caracas y el domingo es más fuerte. No es solo ese aire a domingo que se estira día tras día sobre Venezuela ─oficinas cerradas, gente en las plazas mirando a lo lejos, la calma y su desasosiego─ sino que justo cae domingo y los efectos se hacen notar.

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Por alguna razón me provoca estar en la ciudad cuando llueve. No sé qué tiene ese encuentro gris de la urbe con el cielo encapotado que me lleva hasta las puertas de la melancolía. La lluvia refresca y pide abrazos, moja y quiere refugio, renueva y limpia la ciudad hasta que se seca la ilusión.

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En esas cosas, más o menos, pensaba bajando en bici con Sol por la Avenida de las Fuerzas Armadas. Al mediodía del domingo primero de mayo las calles céntricas de Caracas estaban tranquilas, nosotros rodábamos y veíamos pasar edificios altos, su brutalidad moderna de hormigón armado brillando tras la lluvia. En eso, cruzamos la avenida Urdaneta y al verla vacía me acordé de Gabo. Sigue leyendo

Dicen

Tres historias de gente que dice. Visiones encontradas en los caminos de Venezuela, que dicen de lo que está pasando y ha pasado en este país tan apasionante. Con ustedes…

Ellos se volvieron cooperativa y soñaron con tener sus viviendas en La Grita, en los Andes que limitan con Colombia. Williana se encargaba del papeleo y las gestiones. Un día ella recibió una llamada del gobernador y escuchó cómo aquel hombre le decía que si quería sacar adelante la cooperativa, tenía que movilizar a su gente hacia un acto donde estaría Chávez.

Williana se resignó a ir y arrear, algo desencantada. Desde entonces no paró de seguir al gobernador a cada acto —inauguración de escuela, hospital, fecha patria— y en cada pueblo del estado del Táchira lo esperó para recordarle de lo suyo. Se volvieron conocidos.

IMG_0871.redimensionadoFinalmente llegó el visto bueno pero faltaba un requisito: Sigue leyendo

Andar los Andes

Cruzar los Andes una vez más, como en despedida. Pedalear del frío al calor, aguantando con Sol un abrazo que nos refugia de las tormentas que arrecian sobre Venezuela.

 

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Saliendo. La foto es de nuestro amigo Nacho Gaggero, que nos acompañó en casa de Adella, una anfitriona muy amable.

Le llaman Páramo. Tierra esdrújula –fría, amarilla y alta- gélida y con nubes blancas sobre el contorno oscuro de las montañas rocosas. Pero eso está allá arriba: acá abajo es temprano, el mate está pronto y tenemos ganas de andar.

Vamos pedaleando lento por un repecho de 44 kilómetros que sube con gentileza, pendientes largas pero no matadoras. Desde los campos llegan aromas: ajos y repollos crecen en tierras de campesinos esforzados. Dos por tres pasa un auto, una camioneta o un bus, que nos alienta a seguir trepando.

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Palabras cruzadas

Estamos ya en Venezuela, que no es un lugar cualquiera. En la patria de Bolívar, autos viejos y estirados se cruzan en las calles con relucientes 4×4 bajo la cartelería socialista. Graffitis contestatarios saltan con rabia desde los muros, a tono con la confrontación política que vive el país. Los venezolanos gesticulan como si pelearan y conversan como si amaran, mientras su economía tambalea.

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