Más acá

Ay, estas horas de pedaleo. ¿Qué sentido tendrán? Pa’ delante, siempre pa’ delante. Preguntarse no está mal, me digo en voz alta, pero hay que seguir andando. Pucha, otra vez viento en contra; mejor paro, me tomo un mate y leo una dosis de Nietzsche para distraerme del frío en la ruta.

Salí una mañana a pedalear como hace tiempo no salía: solo. El frío estaba cantado, pero el abrigo parecía suficiente y unas tostadas con dulce de membrillo animarían el camino. El viento soplaba de frente, como si quisiera llevarme de vuelta a Virasoro, mi punto de partida en la provincia de Corrientes.

Insistí y me asombré ante los enormes campos de yerba mate, ese árbol que tanto tomé pero nunca antes había visto. Los senderos entre las plantaciones eran tan perfectos que me hicieron pensar en ciertos jardines laberínticos.

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Foto de MateRojo, CC-BY-SA, más info.

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Lo nuestro es pasar

Pasar, pasar, pasar, pasar. Es lo nuestro, canta Serrat y escribe Antonio Machado, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

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Hay un placer en andar, en sentir que uno se suma al fluir de la vida y que todo pasa, se mueve y nada queda igual. Supongo que es por eso que me alegra, que me despeja tanto viajar y ver pasar el mundo sobre mi bicicleta. Pero hay algo en mí –demasiado humano– que quiere quedarse, contener el abrazo, aferrar una certeza y guardar la apariencia de que no todo se esfuma. Sigue leyendo

Vuelvo al Sur

Preguntan todo el tiempo: de dónde soy, de dónde vengo. Justo a mí, que hace rato le digo adiós al aquí, así de inquieto. Sé y no sé de donde soy; vuelvo al sur como un destino del corazón.

Estamos en el centro de Santa Marta, la ciudad más antigua -¿y calurosa?- del Caribe colombiano. En el restaurante donde almorzaremos, Nicolás picardea con la cocinera y acaba por pedirle un plato de albóndigas. Comemos rumiando preguntas: por qué los árboles crecen tan abiertos, si será posible perdonar de verdad y acabamos otra vez volviendo al origen:

¿De dónde es uno: del lugar donde nació, de donde uno creció o de donde es su madre? Sigue leyendo

Biciñeros por Calamuchita

Biciñero/a:

(etim. portmanteau proveniente de bicicleta y compañero, creado por la venerable maestra Denisse, alabada sea).

1. Dícese del muchacho, muchacha, mujer, hombre o individuo de cualquier género o especie, que manifiesta especial simpatía y predilección hacia el encuentro e intercambio alegre con quienes viajan en bicicleta.

En este post compartimos fotos y les contamos de los días que anduvimos con un biciñero de Maldonado, el Emi. Él fue nuestro segundo biciñero de ruta, o tercero si contamos al perro Mastai que nos acompañó junto a don Mauro Gastaldello en el cruce del Río Uruguay hacia Argentina. Les compartimos también imágenes de nuestros primeros días por las hermosas sierras de Córdoba, llenas de paisajes y gente linda para conocer. Sigue leyendo

Acá y allá: de Rosario a Villa María

Ahora hace frío y ahí afuera, a un kilómetro y algo hay varios volcanes. Están extintos sí, pero los volcanes de Pocho, en Córdoba, todavía sienten algún temblorcito y dan cuarzo y magia para la vista.

Entonces, no había tanto frío: hubo viento un día, de eso me acuerdo. Hubo tanto viento al salir de lo de Fer en Marcos Juárez que hicimos dedo al costado de la ruta. Un camionero que nos invitó a ir con él hasta Bolivia nos llevó unos cientoveinte kilómetros, dejándonos contentos en Villa María. En el camino tomamos unos mates, aprendimos que a la hoja de coca hay que embolsarla bien para que se mantenga sin secarse, porque sino lastima la boca, y mascamos juntos. Él se formaba una pelota grande en el cachete y le ponía bicarbonato para aflojarle el amargor.

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Con el Fer fuimos hasta el faro y lo vimos hacer malabares. Me encantó el tropezón que metía, llamando la atención del público en tránsito para verlo deslizar una bola de contact por su cuerpo y después, caída la noche, bailar con las cadenas encendidas. Entre los dos parece que convencimos al policía de tránsito de que si no había ninguna norma que le prohibiera trabajar con su arte en el semáforo, él no tenía autoridad para insistirle en que se fuera. El Fer salía de viaje cuando nos despedimos así que ¡buen viento hermano por donde andes!

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Rosario siempre estuvo cerca

alguien te deja en el centro de una ciudad que no conocés. más que en el centro, te deja en la costanera. está soleado, no hay mucho ruido, pero la ciudad vive… desde el principio te das cuenta que Rosario está llena de vida.

en un rato las cosas cambian, se hace de noche y no encontrás a la gente con la que te ibas a quedar. estás en frente a un negocio que se llama los dos chinos y… ¿qué hacés? Llamás, hacés el gasto, llamás a ver si te atienden y… ahí nomás atienden, sí atendieron! Era fácil: ellos no respondían los mensajes porque era un teléfono fijo.

Tomás Santa Fé y pedaleás más o menos 10 kilómetros. Te deslumbrás con la ciudad porque estás contento, es noche de sábado, la ciudad vive y vos tenés casa con gente linda donde quedarte. Seguís pedaleando. Te preguntan, otra y otra vez, “de dónde vienen y a dónde van” y les vas respondiendo con menos ganas el cuento verdadero o con picardía cualquier disparate. *** Sigue leyendo

Puentes de Gente Entre Ríos

Antes de ver la máscara del teatro de Fray Bentos nos despedimos de Diego en Mercedes. Y antes de hacer dedo para cruzar el puente, porque en bici no te dejan pasar, pedaleamos viendo las chimeneas de Botnia-UPM. Antes de ese pedaleo, pintó un buen traspase de carpetas musicales (de aquí en más pasito tun tun), con el Colo que toca en Tierra Negra. Antes de ser una buena hora pal despertar, un perro ladró y ladró y no era el gran Mastai que viaja con Mauro. Mastai ladra en la foto porque quiere su muñeco de tela, no es tan impertinente. Las cosas tienen un orden o no lo tienen pero sí tienen su goyete y aquel perro no lo tenía: clic aquí para oír las pruebas.

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