Dos hermanos en bici (3ª parte: ciudades)

Este tercer post sobre ciudades completa el cuento de los dos hermanos en bici. El orden del cuento no es temporal, sino por paisajes. En el blog estuvo primero el desierto, luego la sierra y ahora las ciudades. En el tiempo las ciudades de Ayacucho y Huancayo estuvieron entre desierto y sierra; al final, la enorme Lima puso el broche.

Antes de llegar a Ayacucho, las ciudades peruanas eran cosa poco amigable. Tránsito desordenado y ruidoso. Arquitectura nunca vistosa. Ayacucho sorprendió con su tráfico sin bocinas ni mototaxis y su centro histórico colonial de varias manzanas muy bien restaurado. Una rareza, una belleza de ciudad.

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Plaza central de Ayacucho, mediodía: un grupo de artistas populares toma el espacio y se mueve.

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Cara de conquistador cubre a la de indio. Vestimentas flúo que harían la envidia de los designers contemporáneos de Nike.

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Dos hermanos en bici (2ª parte)

Lo que en este post se cuenta y muestra transcurrió en el camino entre las ciudades de Huancayo y San Vicente de Cañete. El trayecto incluyó unas vueltas por varios pueblos de la Reserva Nacional Paisajística de Nor-Yauyos Cochas. Aquí el mapa.

Así como el post anterior transcurrió en el desierto, este transcurrirá en la sierra; a pocos kilómetros, mundos bien distintos.

Los dos primeros días fueron de lucha. Mucha subida y subida en altura, demasiado pal pulmón del llano yorugua. Para llegar a la Reserva desde los 3.200 msnm de Huancayo hubo que atravesar primero el Abra Negro Bueno a los 4.400 y luego el Abra Chaucha a los 4.750.

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¡A que no te animás a leerlo rápido y en voz alta!

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Como dicen en Perú: “Full impermeable” estaba. Capita arriba y bolsas en los pieses. La tardes en la montaña traían lluvia y frío, cuando no un granicito.

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Dos hermanos en bici (1ª parte)

En Perú el transitar solo 100km puede llevarte del caluroso verano a un lluvioso invierno, de los 0 a los 5.000 metros de altura, de paisajes donde reinan los shoppings, los celulares y las marcas transnacionales a otros donde se vive de acuerdo tradiciones y tecnologías de hace milenios. Las primeras semanas de 2015 transcurrieron pedaleando enochoruedas entre el desierto costero y la sierra peruanas: paisajes bien distintos, pero para suerte del viajero, muy cerquita entre sí.

Itinerarios abiertos

Así fue la cosa. Primero desierto y después sierra. Pero un poco antes los hermanos se encontraron en la bulliciosa ciudad de Chincha. Ahí todavía no había planes de desierto y sierra. El plan era encontrarse para pedalear y después se vería hacia donde.

Ernesto y Philippe habían llegado hasta Chincha en bus desde Cuzco, en busca de las tradiciones afroperuanas que tienen en el cercano pueblo de El Carmen un punto de referencia. Guille llegó en bus desde Lima y, en el corazón de la ciudad, el mercado, pintó un encuentro con ceviche y chicha de bienvenida. Peruanísimo.

¿Así que hay playas por acá cerca de Chincha? Lo más recomendado es Paracas, un balneario 50km al sur. Arranquemos mañana rumbo pa ahí. Y así fue la cosa. Aprovisionarse de queso, palta y frutas en el mercado y salir a pedalear. Después vendría la idea de andar por el desierto. Y más después, tras días y días sin ver un árbol, y ni que hablar de gotas de lluvia, cambió el rumbo y salimos en bus hacia la sierra. Época de lluvia en la sierra, todo verde.

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