Acerca de ernesto

Mi nombre es Ernesto Alves Temperán. Soy payaso y profesor de filosofía. Me encanta bailar y tocar música, leer y escribir, sorprenderme y rutinear. Nací al centro de Uruguay, en una ciudad con nombre de fruta y un río hermoso. Después viví en Montevideo donde estudié e hice amigos. En un momento me dieron tantas ganas de viajar en bici; de recorrer, de encontrarme diferente. El 10 de marzo de 2014 empecé este viaje junto a mi amigo Leo y las ruedas siguen girando.

Más acá

Ay, estas horas de pedaleo. ¿Qué sentido tendrán? Pa’ delante, siempre pa’ delante. Preguntarse no está mal, me digo en voz alta, pero hay que seguir andando. Pucha, otra vez viento en contra; mejor paro, me tomo un mate y leo una dosis de Nietzsche para distraerme del frío en la ruta.

Salí una mañana a pedalear como hace tiempo no salía: solo. El frío estaba cantado, pero el abrigo parecía suficiente y unas tostadas con dulce de membrillo animarían el camino. El viento soplaba de frente, como si quisiera llevarme de vuelta a Virasoro, mi punto de partida en la provincia de Corrientes.

Insistí y me asombré ante los enormes campos de yerba mate, ese árbol que tanto tomé pero nunca antes había visto. Los senderos entre las plantaciones eran tan perfectos que me hicieron pensar en ciertos jardines laberínticos.

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Foto de MateRojo, CC-BY-SA, más info.

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Lo nuestro es pasar

Pasar, pasar, pasar, pasar. Es lo nuestro, canta Serrat y escribe Antonio Machado, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

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Hay un placer en andar, en sentir que uno se suma al fluir de la vida y que todo pasa, se mueve y nada queda igual. Supongo que es por eso que me alegra, que me despeja tanto viajar y ver pasar el mundo sobre mi bicicleta. Pero hay algo en mí –demasiado humano– que quiere quedarse, contener el abrazo, aferrar una certeza y guardar la apariencia de que no todo se esfuma. Sigue leyendo

Tres camioneros

Nos ayudaron a llegar. Viajamos durante siete días en tres camiones, desde el norte hacia el sur de Brasil. Aún falta un buen trecho pero ya volvimos a sentir el frío del invierno, sabiendo que estamos más cerca del calor de casa.

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Foto de Melina Resende, Proyecto Na Estrada.

Ricardo dio el primer sí. Nos miraba sin pudor –espiándonos tras sus lentes azules y redondos– hasta que me acerqué para hablarle. Le conté que me llamo Ernesto, que vengo desde Uruguay en bicicleta, que mi enamorada se llama Sol y viene de Argentina y que ahora estamos procurando carona para voltar mais rápido a casa. Sigue leyendo

Por el Río

Subimos al barco. Nos espera un viaje de cuatro días por el río Amazonas. Ya a bordo, el tiempo descansa en el vaivén de las hamacas. Entre Manaus y Belén suben y bajan varios soles y su luz deja ver otros rincones del mundo.

Amanece y abro los ojos. Manoteando el suelo bajo la hamaca encuentro mis lentes. Nitidez: el sol está por salir y casi todos en el barco duermen. Bajo a servirme un vaso en las canillas con agua “gelada” y siento mi piel de gallina; el viento del alba trae el fresco que la noche despide.

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La sombra de un sueño

Venezuela vive tremendo embrollo. En el país que soñó el socialismo del siglo XXI hoy no se consigue comida, faltan medicamentos y los apagones no dejan ver luz al final del túnel. Mientras tanto, el gobierno de Maduro se apoya en los militares, desconoce las resoluciones del parlamento  y trata de impedir el referéndum que, de hacerse hoy, lo destituiría por más del 60% de los votos.

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Aquella mañana salí a buscar pan pero lo que encontré me sacó el hambre. Me iba cabizbajo de la segunda panadería vacía cuando vi a un grupo de hombres que se preparaba para linchar a otro.

Éramos unos treinta en aquel estacionamiento. Unos diez hombres desvestían, puteaban y pateaban a otro –que había intentado robar un celular– y otros veinte mirábamos, entre absortos y fanáticos. No se cansaron de darle: el muchacho escupía sangre cuando un comerciante se paró frente a él y detuvo a la patota. Sigue leyendo

Pedir la cola

La primera vez reímos, y nos costó creer. Nos enterábamos que en Venezuela le dicen “pedir la cola” a levantar el pulgar para “hacer dedo” y conseguir un aventón. En dos meses en el país, nos han dado más de diez colas para adelantar tramos y acortar distancias.

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Una vez un cincuentón de camisa blanca se acercó a nosotros, que llevábamos media hora haciendo dedo en un peaje en Barinas, y le pidió al siguiente camión:

– Por favor, amigo, deles la colita. Sigue leyendo

La vida mestiza

En nuestra última semana en Venezuela, viajamos por uno de los sitios más recomendados por los biciviajeros en Sudamérica. Bajo lluvia y sol disfrutamos la maravilla del paisaje de los tepuis y descansamos con la carpa junto al río bajo la luna llena. Pero es como dicen: la procesión va por dentro.

Allá va Sol. Mi enamorada pedalea su bicicleta naranja por la larga ruta de la Gran Sabana. Avanzo para alcanzarla y tomarnos un mate. Se suceden placeres mínimos: una galleta, otro mate, unos besos que nos salvan. Sigue leyendo

Llueve en Caracas

Llueve en Caracas y el domingo es más fuerte. No es solo ese aire a domingo que se estira día tras día sobre Venezuela ─oficinas cerradas, gente en las plazas mirando a lo lejos, la calma y su desasosiego─ sino que justo cae domingo y los efectos se hacen notar.

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Por alguna razón me provoca estar en la ciudad cuando llueve. No sé qué tiene ese encuentro gris de la urbe con el cielo encapotado que me lleva hasta las puertas de la melancolía. La lluvia refresca y pide abrazos, moja y quiere refugio, renueva y limpia la ciudad hasta que se seca la ilusión.

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En esas cosas, más o menos, pensaba bajando en bici con Sol por la Avenida de las Fuerzas Armadas. Al mediodía del domingo primero de mayo las calles céntricas de Caracas estaban tranquilas, nosotros rodábamos y veíamos pasar edificios altos, su brutalidad moderna de hormigón armado brillando tras la lluvia. En eso, cruzamos la avenida Urdaneta y al verla vacía me acordé de Gabo. Sigue leyendo

Dicen

Tres historias de gente que dice. Visiones encontradas en los caminos de Venezuela, que dicen de lo que está pasando y ha pasado en este país tan apasionante. Con ustedes…

Ellos se volvieron cooperativa y soñaron con tener sus viviendas en La Grita, en los Andes que limitan con Colombia. Williana se encargaba del papeleo y las gestiones. Un día ella recibió una llamada del gobernador y escuchó cómo aquel hombre le decía que si quería sacar adelante la cooperativa, tenía que movilizar a su gente hacia un acto donde estaría Chávez.

Williana se resignó a ir y arrear, algo desencantada. Desde entonces no paró de seguir al gobernador a cada acto —inauguración de escuela, hospital, fecha patria— y en cada pueblo del estado del Táchira lo esperó para recordarle de lo suyo. Se volvieron conocidos.

IMG_0871.redimensionadoFinalmente llegó el visto bueno pero faltaba un requisito: Sigue leyendo

Andar los Andes

Cruzar los Andes una vez más, como en despedida. Pedalear del frío al calor, aguantando con Sol un abrazo que nos refugia de las tormentas que arrecian sobre Venezuela.

 

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Saliendo. La foto es de nuestro amigo Nacho Gaggero, que nos acompañó en casa de Adella, una anfitriona muy amable.

Le llaman Páramo. Tierra esdrújula –fría, amarilla y alta- gélida y con nubes blancas sobre el contorno oscuro de las montañas rocosas. Pero eso está allá arriba: acá abajo es temprano, el mate está pronto y tenemos ganas de andar.

Vamos pedaleando lento por un repecho de 44 kilómetros que sube con gentileza, pendientes largas pero no matadoras. Desde los campos llegan aromas: ajos y repollos crecen en tierras de campesinos esforzados. Dos por tres pasa un auto, una camioneta o un bus, que nos alienta a seguir trepando.

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