Dicen

Tres historias de gente que dice. Visiones encontradas en los caminos de Venezuela, que dicen de lo que está pasando y ha pasado en este país tan apasionante. Con ustedes…

Ellos se volvieron cooperativa y soñaron con tener sus viviendas en La Grita, en los Andes que limitan con Colombia. Williana se encargaba del papeleo y las gestiones. Un día ella recibió una llamada del gobernador y escuchó cómo aquel hombre le decía que si quería sacar adelante la cooperativa, tenía que movilizar a su gente hacia un acto donde estaría Chávez.

Williana se resignó a ir y arrear, algo desencantada. Desde entonces no paró de seguir al gobernador a cada acto —inauguración de escuela, hospital, fecha patria— y en cada pueblo del estado del Táchira lo esperó para recordarle de lo suyo. Se volvieron conocidos.

IMG_0871.redimensionadoFinalmente llegó el visto bueno pero faltaba un requisito:

— ¿Su cooperativa está inscripta en el PSUV?

Las 17 familias de la cooperativa tuvieron que inscribirse en el Partido Socialista Unido de Venezuela. Incluso los partidarios de la oposición terminaron registrándose en el partido oficialista, pensando en alcanzar “el sueño de la vivienda propia”. Entre ellos se recordaban que el voto, a fin de cuentas, es secreto.

Cuando el sueño se cumplió y cada familia tuvo su casa, el gobierno instaló un cartel diciendo que la Revolución Bolivariana había entregado allí 17 Unidades Habitacionales. Pero Williana había luchado por su casa y soportado demasiado como para tolerar aquel anuncio en su nuevo barrio. Entonces arrancó el cartel y puso fin a aquella historia.

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***

Él es agrónomo, pero ya está jubilado. Ese hombre que ahora trabaja en el fondo de su casa estudió un doctorado en hortalizas y dirigió el Instituto de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela.

— Ahora ayudo a satisfacer las necesidades de la gente… mientras satisfago las mías.

Dice Mauro, mientras apila jabones amarillos. Mauro está fabricando jabones de tocador artesanales y planea producir desodorantes, dos productos que no se consiguen en “la Venezuela de la decadencia”, como la llama su hijo José Antonio, nuestro anfitrión de Couchsurfing en Maracay.

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— Yo soy de una generación perdida. Éste era el tiempo en que nosotros, con años de experiencia y algo de conocimiento, podíamos aportar al país. Pero con este gobierno no podemos, menos los que estamos en esa lista.

Dice Mauro, y me sorprende. Tras el golpe de Estado de 2002 y el paro empresarial de 2003, la oposición venezolana eligió las urnas para sacar a Chávez del gobierno. Recogieron más de dos millones de firmas para llamar a un referéndum revocatorio, pero no lograron su objetivo. El 15 de agosto de 2004, el 59.1% de los venezolanos volvió a respaldar al líder de la Revolución Bolivariana. Entonces Chávez decidió vengarse. Bajo sus órdenes, el diputado Luis Tascón escaneó las firmas opositoras y las subió a su sitio web. Las consecuencias no se hicieron esperar; muchas oficinas estatales usaron la lista Tascón para discriminar políticamente a quienes firmaron para destituir a Chávez: los echaron de sus puestos de trabajo o les cortaron la carrera, les negaron trámites, préstamos o concursos. Mauro era uno de ellos.

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En la playa caribeña de Chuao hay una carpa verde. Llegamos con Sol y armamos nuestra carpa azul y gris sobre la arena, formando vecindario bajo las palmeras. Cuando conocemos a los vecinos, resulta que ellos también viajan en bici. Se llaman Coco y Mena y vienen de Caracas; ella es ingeniera y él estudiante de antropología. Tienen la ilusión prendida de quienes recién salen de viaje.

Temprano en la mañana el agua tiene el color turquesa del Caribe y, aunque la lluvia nocturna la revolvió, aún deja ver los pies en el fondo. Hay un par de lanchas de pescadores dando vueltas por la costa, sobre un fondo de cerros escarpados que se sumergen en el mar.

Tras el desayuno vuelve la lluvia y nos refugiamos con los vecinos bajo un alero. De dónde venimos, quiénes somos, a dónde vamos y, cómo no, qué está pasando en Venezuela, por qué esta crisis y quién fue en verdad Hugo Chávez, ese hombre que aún está en todas partes. Coco dice:

— Chávez fue la chispa, pana, pero es cada uno quien decide si se enciende.

Ellos creyeron y fueron parte. Se encendieron y lloraron la muerte del comandante. Nos detallan avances gigantescos por todas partes: salud en los barrios, viviendas para todo el mundo, alimentos a precios populares, abuelas alfabetizadas escribiendo sus primeras cartas.

Cuando hablamos del pescado regalado y de no haber enseñado a pescar, en fin, del populismo tan caro a nuestra querida América Latina, Mena contesta:

— Si hubo populismo, igual fue algo nuevo. Antes les dábamos puras regalías a los extranjeros, a las transnacionales y a los ricos de Venezuela. Entonces Chávez decidió cambiar y le dio a los que nunca tuvieron, le dio a los pobres.

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